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Zandvoort se despidió con Verstappen en el muro, y nuestro modelo no vio nada

F1 Legend Sim · Redacción · 24 de agosto de 2026 · 6 min de lectura

Zandvoort se despidió de la Fórmula 1 después de treinta y cinco visitas, y lo hizo con el peor guion posible para la mitad de las gradas: Max Verstappen, en su casa, en la última carrera que este circuito iba a ver, se fue al muro en la vuelta 1. No en un adelantamiento, no en una pelea. En la última curva, con la pista mojada, solo. Escribo esto el lunes, todavía con la sensación rara de que un final así no se le ocurre a nadie.

Lo que dijimos el viernes

Aquí hacemos una cosa que da bastante vértigo: pasamos la parrilla de salida real por nuestro simulador, la corremos cientos de veces y publicamos los porcentajes antes de que se corra la carrera. Sin retoques después. Lo hicimos en Hungría y lo hicimos en Zandvoort, y por eso ahora toca la parte incómoda, que es mirar el resultado al lado.

Nuestro favorito era George Russell, con un 25% de victorias. Detrás, Antonelli con un 20% y Norris con un 18,3%. Ganó Norris. O sea que no acertamos el ganador y no pienso maquillarlo.

Pero mira el podio: Norris, Antonelli, Russell. Son exactamente nuestros tres favoritos, en el orden exactamente inverso. Y si en vez del podio miras los seis primeros, son también los seis que el modelo ponía arriba, barajados. El error medio de la carrera fueron 2,2 puestos sobre dieciséis clasificados. La comparación completa está aquí, piloto a piloto, con los fallos incluidos.

Mi lectura, y es una opinión: eso es más o menos el techo de lo que un simulador puede hacer. Acertar quiénes van a estar delante es un problema de coche, de piloto y de parrilla, y eso se puede modelar. Acertar el orden entre tres coches que van en tres décimas es otra cosa: depende de una parada, de una bandera roja y de quién no se equivoca. Cualquiera que te venda un modelo que clava eso te está vendiendo humo.

La casilla que no existe

A Verstappen le dábamos un 20% de podio saliendo séptimo. Se fue en la vuelta 1. Y esto es lo que más me interesa de todo el fin de semana, porque no es un fallo del modelo: es un límite del modelo, que es distinto.

Nuestro motor sabe cuánto corre un coche, cuánto vale un piloto y cuánto suele llover en cada circuito. Lo que no tiene, y lo contamos abierto en la página de cómo funciona, es una casilla para «es tu última carrera en casa, hay noventa mil personas de naranja, la pista está a medias y acabas de decidir que hoy no se levanta el pie». Eso no es una variable. Ni siquiera estoy seguro de que deba serlo.

Hay una tentación fea en esto de simular, que es creer que si el modelo no lo vio es que no importaba. Pasa exactamente al revés: lo que decidió la carrera fue justo lo que ningún número de nuestra base de datos contiene.

Antonelli ya no es una promesa

El viernes dejamos escritas tres preguntas. La primera era si la primera mitad de Antonelli había sido una racha. Respuesta: 242 puntos y 59 de ventaja sobre Russell, su propio compañero, con Hamilton empatado con Russell y por detrás en el desempate.

Y hay un detalle del domingo que dice más que los puntos: Antonelli pasó a Russell al final con una orden de equipo. Mercedes ya ha elegido, y lo ha hecho en agosto. Me parece la decisión correcta y también una de esas que envejecen mal si el campeonato se estrecha, porque a Russell se le acaba de decir en directo qué papel tiene.

Por si sirve de contexto de cuánto vale eso: tenemos 1.200 temporadas medidas sobre lo que cambia el segundo asiento de un equipo. La respuesta corta es que a veces vale un campeonato de constructores y a veces no vale nada. Mercedes va 87 puntos por delante de Ferrari; puede permitirse elegir.

McLaren llega, pero llega tarde

Segunda pregunta: si Hungría había sido un fin de semana suelto. No lo fue, porque Norris ganó otra vez, dos seguidas, y sin embargo sigue a 83 puntos con once carreras por delante. Aritméticamente está vivo. Deportivamente necesita que a Antonelli le pase algo, y «que le pase algo» no es un plan.

La tercera pregunta era Lawson, subido al Red Bull por la lesión de Hadjar. Acabó séptimo con diez segundos de sanción encima. En un fin de semana en el que su compañero de marca se estrelló en la vuelta 1, sumar y no romper nada es exactamente lo que tenía que hacer. No es un titular, pero es un argumento.

Y ya está: no vuelve

Lo que más me fastidia es que Zandvoort se va justo cuando había dejado claro para qué servía. Una pista donde adelantar es difícil obliga a que la carrera se decida en otro sitio: en la parada, en el neumático, en quién acierta cuando cae agua. Y el domingo fue exactamente eso: lluvia en la salida, bandera roja, cuatro paradas en algunos coches y un ganador que no era el favorito de nadie.

Sale menos espectáculo por vuelta y más historia por carrera. A mí esa moneda me parece buena, y el calendario acaba de decidir lo contrario.

Por qué publicamos los fallos

Podríamos publicar las predicciones y callarnos cuando salen mal. Es lo normal, de hecho. No lo hacemos por una razón muy simple: una predicción que solo se enseña cuando acierta no es una predicción, es publicidad.

Así que ahí está todo: el marcador acumulado del modelo, carrera a carrera, con el error medio, la correlación y la lista de los sitios donde más se equivoca, que son siempre los mismos: el mediocampo, donde deciden la estrategia y el criterio y no el coche. Con dos carreras eso no es un historial, es una anécdota. Dentro de once puede que sea otra cosa.

Nos vemos en Monza, con los porcentajes publicados antes de la carrera. Como siempre.